Pub que estuvo abierto en la calle Juan Paullier 1436, en Montevideo, entre los años 1991 y 1994, llamado Juntacadáveres en homenaje a la novela publicada por Juan Carlos Onetti en 1964.
Lo bauticé con Cachaça durante mi cumple de de 18 unos días antes de su inauguración! Ivana Menchaca , Miguel Jelen , Ana Blankleider y Ruben Omar me dieron la llave para que hiciera la fiesta , memorable, luego fuí un asiduo concurrente
Recuerdo siendo menor pero con otro aspecto, concurrir frecuentemente a JUNTACADÁVERES. Ahí pude ver a Buenos Muchachos, Los Gallos Humanos y a Cross, que por aquel entonces era a la banda que seguía. IMPRESIONANTE lugar, no por lo edilicio, sino por la "fauna" interior y en sus alrededores...la verdad imborrables recuerdos, sobre todo del pedazo de una pared que no se demolió por completo que servía para entrar al pogo desde lo "alto" y la barra que no era más que un tablón de obra en una ventana. Genial!
Uruguay UnderUndergroundM- página 20 de febrero de 2016 · Quién escribe supo estar numerosas noches en Juntacadáveres PUB- Juan Paullier 1436 Y Rivera, alla entre 1991 y 1994, cuna del Under montevideano en esos tiempos. Recuerdo que fui con un amigo porque habia una banda que no era nada parecido a lo que se habia visto por estos lares que hacian covers de The Stooges: LOS CHICOS ELECTRICOS; de hecho era asi, mi recuerdo mas tangible era que todos sus integrantes estaban muy acelerados, diría completamente drogados y/o borrachos, tocando de un modo frenético y sin dar respiro a la gente que miraba sorprendida de algo tan normal en otros lares, pero no en Montevideo. Recuerdo que era todo barato en el junta, una entrada de 30 pesos de ahora serían y un vaso de vino por 15 pesos. En la puerta estaba el negro Tabaré o el Pichu controlando y siempre algún punky que se negaba a pagar esas monedas porque eran punks, entraban de todos modos. El lugar era chico con las paredes sin el revoque en su mayoria dejando ver los ladrillos rojos y el piso de madera polvorienta, un escenario de pocos centimetros de altura y una barra minúscula todo muy sucio o rustico; un baño de 2 metrps x 2 mts. siempre ocupado mas por gente tomando merca que orinando y otros orinando en la puerta asi les llegaba a los pies de los que hacían uso indebido del mismo... muchas veces en el baño se juntaba a pesar de ser chico gente a conversar mientras se sentian las esnifadas y puteadas de los que esperaban, muchas veces el dueño andaba en esa tertulia, un pelilargo muy a tono con su boliche. Entre otras bandas tocaban siemrpe LOS BUENOS MUCHACHOS, LOS SUPERSONICOS Y CROSS que presentó su emblematico INSTINTO SALVAJE en el junta. Pero siempre había gente particular; toda la fauna del rock mas extrangeros, escritores y gente que iba porque sabía que ahi siempre pasaba algo interesante. Recuerdo todo muy surrealista, siempre gente orinando en la esquina ya que adentro era imposible, punkies vomitando en la puerta y gente muy drogada en todos lados. Cada tanto patrulleros que te llevaban porque todavía existían las razzias y era campo fertil para hacer número. Nunca vi una pelea en JUNTACADAVERES, nunca nadie se quedó sin entrar por no tener dinero, nunca nadie que se quisiera emborrachar no lo hizo, era de una diversidad pacífica y tolerante. He leido algunos artículos del junta alguna vez, luego los reyes del junta se disolvieron vaya uno a saber porqué pero no creo hayan logrado esa mísitca en ningún otro lugar, me refiero a LOS CHICOS ELECTRICOS y quién diría que serian LOS BUENOS MUCHACHOS los que mayor reconocimiento tendrían, cuando eran unos borrachos que desafinaban mas de la cuenta y cantaban a veces en un ingles terrorifico ja. No recuerdo otro lugar así en Montevideo a lo largo del tiempo; no llegué a conocer el pub GRAFFITI de Carrasco donde tocaron las bandas de la primera ola del rock de los 80s y si bien en Perdidos en Yaguarón y Durazno tocaron todas las bandas de los 90s no era ni semejante. No es facil de explicar pero si te gustaba el rock, eso era el rock, en tiempos que recién surgía NIRVANA aca teníamos bandas haciendo covers de NIRVANA. Era un lugar atractivo y efervescente, no por hacer apología pero supongo que los que estuvieron ahi saben a lo que me refiero. Aca mi recuerdo para un lugar emblema de ese Montevideo tan lejano.
Mis viejos formaron parte de juntacadaveres, crecí escuchando sus anecdotas, qué lindo hoy leerles y reconstruirlo desde otro lugar. Recordarles así, siempre under, siempre abiertos a multiplicar el arte local y su fauna. Gracias por compartir!
En estos días se presenta el libro “Juntacadáveres, el caos vital”, que repasa la historia de un lugar de encuentro legendario y rodeado de historias y leyendas.
¿Cómo surge la idea de hacer este libro?
Pensamos inicialmente este trabajo como un fotolibro en el que las imágenes parlantes guiaran al lector en su interpretación sobre las historias que se sucedieron en el boliche Juntacadáveres. Contábamos con que existía un extenso archivo fotográfico creado por Raúl Burguez sobre el boliche. Ese archivo, al que demoramos dos años en acceder, no era más que un fondo con una decena de fotos. Mientras reuníamos los fondos personales de fotografías realizadas por personas aficionadas, fuimos comprendiendo que las imágenes no hablan por sí solas, que la cantidad reunida era escueta, que las imágenes son un acto en sí, no dicen la verdad porque constituyen una tajada que deja fuera todo lo otro que no entra en el encuadre y, en definitiva, quienes ordenan la disposición de las imágenes en páginas terminan siendo sus autores en una interesante tensión con el editor. Rápidamente, junto con Claudio Burguez, Adriana Filgueiras y Gabriel Peveroni, fuimos entendiendo las dificultades que se presentaban para crear un archivo que lograse representar las arborescentes capas de artes que allí tuvieron lugar y las diferentes ramas por las que se descolgaba el boliche. La insuficiencia de material fotográfico generó que el proyecto original virara y, consigo, los diversos intereses de quienes nos acompañaron en primera instancia. Algunos nos quedamos prendidos como niños de las ramas de ese árbol. Quisiera agradecer a Adriana Filgueiras quien me acompañó en todo el proceso de investigación y a Manuel Carballa, el editor de alter que confió en nuestro trabajo.
¿Por qué es importante contar la historia de este lugar legendario?
Juntacadáveres, el boliche fue un caldo prebiótico para la historia del underground montevideano porque allí emergieron múltiples artistas que a inicios de los noventa no tenían otro lugar para desarrollar sus artes. Juntacadáveres hizo dialogar el rock con el teatro, la performance, la danza, la instalación, la plástica y el dibujo. Fue un espacio muy importante para la escena del rock posdictadura en un momento donde existía un pronunciado declive de la movida de la segunda ola que había arrancado en 1985 y prácticamente desaparece en 1989 cuando el sello Orfeo cierra; se disuelven Los Traidores, Los Tontos y Los Estómagos y hay un declive también de las publicaciones subtes. Juntacadáveres va a reunir a aquellas bandas que no tienen un lugar para tocar en Montevideo. Fue muy importante porque reunió a las desobediencias sexuales de aquel momento. Personas gays, lesbianas y trans que no encontraban espacios en otros boliches en Montevideo comenzaron a frecuentar el Junta, porque era un lugar donde no se sentían discriminadas. Allí se mezclaba estas personas con una fauna muy particular compuesta por bohemios, lumpenes poetas, músicos, escritores, actores y actrices. En un país de cuerpos torturados, silenciados, mutilados, encorsetados y llenos de miedos, Juntacadáveres fue un espacio descomprimido, donde los cuerpos se restituían, recuperando su libertad. Todo acto de placer y de goce fue señalado como perverso, perturbador y amenazante. Los boliches y la reapropiación de los espacios urbanos contrastaban con el afuera ordenadamente trágico y represivo. Recordemos que aún existían las razzias policiales contra la juventud desobediente. Allí se cambiaba el aislamiento, la clandestinidad y la autocensura por la colectivización, la liberación y la creatividad. Esto no fue muy bien visto ni por la izquierda partidaria o aquella reunida en organizaciones sindícales y gremiales que veían el rock como una influencia foránea del imperialismo en las mentes de los jóvenes. Tampoco fue bien vista por la derecha que veía el rock como una expresión de obscenidad y decadencia. Esos espacios de reposición patriarcal contrastaban con estas experiencias de liberación del placer y del goce de los cuerpos.
¿Cómo fue el proceso de “reconstruir” la historia de Juntacadaveres?
Fue un proceso largo, lento, pero muy divertido. A mí me apasiona lo que hago y por tanto no tengo problemas de pasarme tres años investigando, como sucedió con este proyecto. La metodología utilizada incorpora el relato oral, las fuentes escritas en recortes de los suplementos culturales de prensa periódica y el uso de la fotografía. Desde el inicio nos propusimos generar una interpretación partiendo desde la historia social desde abajo, donde los protagonistas de aquella escena puedan, a través de una metodología de investigación basada en la entrevista, amplificar sus voces articuladas a una narrativa que se desmarca de los trabajos periodísticos sobre el tema, que centran la mirada únicamente en la escena rockera del boliche que se sucedió en su última etapa.
¿Hubo algún aspecto que quisiste contar especialmente?
Varios. Por un lado, quise quitar al boliche de ese lugar mítico en el que se lo ha situado para restituirle en una dimensión que se vincule un poco más equilibradamente con lo que realmente sucedió allí. Todos tienen derecho a recuperar su pasado, pero no hay razón para erigir un culto a la memoria por la memoria misma. El Junta se ha convertido, para los amateurs —amar/hacer—, en un residuo oscuro y atractivo donde iluminar aquellas microrresistencias halladas en subtextos de disidencia cultural que derivan, muchas veces, en interpretaciones caricaturescas. ¿Centro cultural? ¿Pub? ¿Apenas un esbozo de su idea original? Este trabajo pretende cuestionar la narrativa ocultista y de culto, para construir una interpretación que aporte lucidez al imaginario que se ha construido sobre este boliche y lo que giraba en su contexto. Sacralizar la memoria es otro modo de hacerla estéril. El cometido de esta investigación es reconstruir historia(s) sobre Juntacadáveres que nos inviten a reflexionar dónde encuentra su memoria, un espacio, en los territorios de hoy.
Por Mauricio Rodriguez Publicado diciembre 15, 2025
Gustavo Eterno Uruguay UnderUnderground todos tuvimos nuestros achiques y en mi memoria están Juntacadaveres y Perdidos 💪🏾,...hay algunos otros pero estos 2 por lejos
Pablo Magallanes Qué orgullo enorme, de verdad 😌🔥 No es poca cosa que Rubén Rivero, el dueño de Juntacadáveres, te diga eso. Si alguien sabe lo que fue ese lugar, es él. Que te haya elogiado el post y encima diciendo que fue lo mejor que leyó es increíble por más post cómo los que haces a diario. Ojalá hubiese llegado a conocer ese lugar. Un abrazo grande y gracias por culturizarnos
Autor Uruguay UnderUnderground Pablo Magallanes gracias pablo, valore que tomaras tu tiempo para escribir eso. Abrazo
Pablo Magallanes cómo no vas a conocer ??!!! si sos mucho mayor que yo ..... abrazo . Ahí vi a cross x primera vez año 93 creo ...
Pablo Magallanes
Nico Cl Jajaja en el 93 recién yo estaba entrando al liceo pero...está bueno esto ya q confirmado invoque gente desaparecida 👻No venís a las reuniones pero saltás por este gran boliche que ya lamentablemente no existe más 😆 prioridades claras.
Lanona Nicolini Que recuerdos.... Me saltó una lagrimilla.... Entre Juntacadáveres y Amarillo iba mi vida nocturna.....
Denis Maneiro Ahi festeje un cumple... Cuando toco Cross 🤘
Marcos Tejera Un legado de los guerreros nocturnos! Un lugar en nuestros caminos 👌 Que locura y que recuerdos mamita
Uruguay UnderUnderground ·Con orgullo les cuento que el dueño del Pub Ruben Rivero Juntacadaveres me elogio el post diciendo que fue lo mejor que leyo... un orgullo haber logrado describir algo tan mítico en pocas palabras
Uruguay UnderUnderground página 20 de febrero de 2016 · Quién escribe supo estar numerosas noches en Juntacadáveres PUB- Juan Paullier 1436 Y Rivera, alla entre 1991 y 1994, cuna del Under montevideano en esos tiempos. Recuerdo que fui con un amigo porque habia una banda que no era nada parecido a lo que se habia visto por estos lares que hacian covers de The Stooges: LOS CHICOS ELECTRICOS; de hecho era asi, mi recuerdo mas tangible era que todos sus integrantes estaban muy acelerados, diría completamente drogados y/o borrachos, tocando de un modo frenético y sin dar respiro a la gente que miraba sorprendida de algo tan normal en otros lares, pero no en Montevideo. Recuerdo que era todo barato en el junta, una entrada de 30 pesos de ahora serían y un vaso de vino por 15 pesos. En la puerta estaba el negro Tabaré o el Pichu controlando y siempre algún punky que se negaba a pagar esas monedas porque eran punks, entraban de todos modos. El lugar era chico con las paredes sin el revoque en su mayoria dejando ver los ladrillos rojos y el piso de madera polvorienta, un escenario de pocos centimetros de altura y una barra minúscula todo muy sucio o rustico; un baño de 2 metrps x 2 mts. siempre ocupado mas por gente tomando merca que orinando y otros orinando en la puerta asi les llegaba a los pies de los que hacían uso indebido del mismo... muchas veces en el baño se juntaba a pesar de ser chico gente a conversar mientras se sentian las esnifadas y puteadas de los que esperaban, muchas veces el dueño andaba en esa tertulia, un pelilargo muy a tono con su boliche. Entre otras bandas tocaban siemrpe LOS BUENOS MUCHACHOS, LOS SUPERSONICOS Y CROSS que presentó su emblematico INSTINTO SALVAJE en el junta. Pero siempre había gente particular; toda la fauna del rock mas extrangeros, escritores y gente que iba porque sabía que ahi siempre pasaba algo interesante. Recuerdo todo muy surrealista, siempre gente orinando en la esquina ya que adentro era imposible, punkies vomitando en la puerta y gente muy drogada en todos lados. Cada tanto patrulleros que te llevaban porque todavía existían las razzias y era campo fertil para hacer número. Nunca vi una pelea en JUNTACADAVERES, nunca nadie se quedó sin entrar por no tener dinero, nunca nadie que se quisiera emborrachar no lo hizo, era de una diversidad pacífica y tolerante. He leido algunos artículos del junta alguna vez, luego los reyes del junta se disolvieron vaya uno a saber porqué pero no creo hayan logrado esa mísitca en ningún otro lugar, me refiero a LOS CHICOS ELECTRICOS y quién diría que serian LOS BUENOS MUCHACHOS los que mayor reconocimiento tendrían, cuando eran unos borrachos que desafinaban mas de la cuenta y cantaban a veces en un ingles terrorifico ja. No recuerdo otro lugar así en Montevideo a lo largo del tiempo; no llegué a conocer el pub GRAFFITI de Carrasco donde tocaron las bandas de la primera ola del rock de los 80s y si bien en Perdidos en Yaguarón y Durazno tocaron todas las bandas de los 90s no era ni semejante. No es facil de explicar pero si te gustaba el rock, eso era el rock, en tiempos que recién surgía NIRVANA aca teníamos bandas haciendo covers de NIRVANA. Era un lugar atractivo y efervescente, no por hacer apología pero supongo que los que estuvieron ahi saben a lo que me refiero. Aca mi recuerdo para un lugar emblema de ese Montevideo tan lejano.
Uruguay UnderUnderground Reseña de "Juntacadáveres. El caos vital" de Diego Pérez Lema (Alter Ediciones) colaboración de Adriana Filgueiras y Gabriel Peveroni. Fue en un boliche de Buenos Aires. Un hombre entra y le pregunta al mozo: “Che, ¿vino el Junta?”, a lo que este responde: “No, no vino”. Onetti, que estaba ahí, escucha la conversación y le llama la atención ese nombre. Al rato, el mismo tipo vuelve a aparecer y repite la pregunta: “¿Vino el Junta?”, y recibe la misma respuesta. Intrigado, Onetti se acerca a pagar y aprovecha para preguntarle al mozo quién es ese tal Junta. El mozo le explica que le dicen Juntacadáveres porque es el dueño de un prostíbulo venido a menos, y que las mujeres que andan con él ya no son jóvenes ni hermosas, sino monstruos: demasiado viejas, demasiado gordas o demasiado flacas. De esa conversación casual, Onetti se apropió del apodo para dárselo a Larsen y titular así su novela Juntacadáveres. Años más tarde, ese mismo nombre bautizaría también a uno de los boliches más míticos del Montevideo de los años 90. El sábado 21 de diciembre tuvo lugar la presentación oficial del libro Juntacadáveres. El caos vital de Diego Pérez Lema en colaboración de Adriana Filgueiras y Gabriel Peveroni, editado por Alter Ediciones, en la feria Ideas Más en el Parque Rodó. El clima no era el ideal, y las primeras gotas empezaron a caer a pocos minutos de la presentación. La misma iba a ser al aire libre, en un escenario montado sobre la fuente de Venus. De todas maneras, fui a tomar asiento porque la presentación no se suspendería. Detrás mío había dos señoras charlando. Una le decía a la otra: “¿Conocés Juntacadáveres? Era un boliche under, pero under mal. Ahora lo van a explicar. Vos no lo conociste, pero yo me acuerdo. Era la meca del reviente. Era under, under”. El boliche fue clausurado en 1993, durante la intendencia de Tabaré Vázquez, y en el apartado final del libro, escrito por Gabriel Peveroni a modo de epílogo, se describe el encuentro entre él, otros representantes de Juntacadáveres y María Julia Muñoz, entonces secretaria general de la Intendencia. Esta les dijo, tajante: “Lo de ustedes no es un centro cultural, es un antro lleno de drogas y faloperos”. Así que ni sueñen que lo van a volver a abrir”. Parece seguir la línea onettiana de los conservadores de Santa María que, frente a los emprendimientos de Junta, sentenciaban: “cuando un pueblo pierde el sentido de la decencia es justo que pierda también la Divina Providencia” Sin embargo, como dijo en la presentación Diego Pérez Lema sobre Juntacadáveres. El caos vital, “el libro lo que intenta es, por un lado, quitar ese sentido mítico de ‘lugar de culto’ para acercarlo más equilibradamente a lo que realmente fue”. Cervezas, navajas y distorsión Todo lo que conocía de Juntacadáveres se lo debía enteramente a la música. Asociaba al lugar como caldo de cultivo de bandas como Chicos Eléctricos, Buenos Muchachos, Amables Donantes, La Hermana Menor, Cross, Exilio Psíquico, The Supersónicos, entre otras. Por eso, la noticia de la presentación del libro llamó inmediatamente mi atención. Pero Juntacadáveres fue mucho más que una sala de conciertos; fue un espacio contracultural que combinaba espectáculos de teatro experimental, talleres, proyecciones audiovisuales, performances, recitado de poesía, entre otras cosas. También ofició de lugar de reunión para una juventud postdictadura desencantada, con la sensación de que el régimen se había perpetuado a través de una represión aún latente —las razzias— en una ciudad pacata y conservadora. Fue, en definitiva, un espacio de libertad, de descubrimiento, de experimentación de todo tipo. Un espacio que desafiaba lo previsible, lo monótono, lo abúlico, lo gris de una Montevideo sumergida en la melancolía, especialmente para los jóvenes, en una continuidad aparente siempre vigilada por presiones, rutinas, inercias, por esa debilidad y esa cobardía que nos vuelven indignos de la libertad.
Según el autor, Diego Pérez Lema, Juntacadáveres surgió en un momento bisagra para la cultura juvenil montevideana. La segunda ola del rock uruguayo llegaba a su fin: era 1989 y, en especial, el 2 de agosto, cuando Los Estómagos se despidieron en el Cine Cordón, en un momento que marcó el fin de una época. Sin embargo, la resistencia a la dictadura tras la salida democrática por parte de los jóvenes no se manifestó solamente con la música rock, sino también con los fanzines, las revistas subterráneas, las cooperativas artísticas, la Coordinadora Anti Razzias –investigación que Pérez Lema aborda en sus libros anteriores: ¿Quién escupió el asado? y Bajo tierra, también editados por Alter–. En los 90s hay un quiebre, además de los Estómagos, otros grupos claves dejan de tocar, cierra el sello Orfeo, que los editaba, y se disuelve la Coordinadora Anti Razzias. Entonces, Juntacadáveres va servir de refugio para esa subcultura under que había quedado huérfana, que no contaba con un espacio para manifestarse. Y lo logró. Juntacadáveres fue un lugar rico en rarezas culturales y artísticas que funcionó como un caldo prebiótico para todo lo que vino después. Un cronista del caos Diego Pérez Lema, nacido en 1990, tenía apenas un año cuando Juntacadáveres abrió sus puertas.
Por eso, su trabajo de investigación presenta un desafío adicional. No se trata simplemente de narrar la historia de un boliche, antro, centro cultural o pub –como se lo quiera llamar–, sino de reconstruir una atmósfera, el espíritu de un lugar. Ese es, precisamente, el gran mérito y logro del libro. Testimonios de distintas personalidades que frecuentaban el lugar, fotografías, afiches, poemas, letras de canciones, prosa de a ratos narrativa y de a ratos poética se entrelazan, se mezclan a modo de revivir la dinámica del lugar, donde todo era imprevisible, donde nunca se sabía qué iba a pasar, donde lo que no faltaba era la sorpresa en contraste con una Montevideo gris y previsible. El libro logra que este collage no entorpezca la lectura, todo lo contrario. Uno sigue leyéndolo sin pausa, deteniéndose en las imágenes, contemplando los afiches con admiración, lo artesanal y la creatividad de la que Juntacadáveres fue caldo de cultivo y que el libro recrea de manera magistral. Además, incluye al final una reconstrucción de la cronología de los eventos ocurridos a lo largo de los dos años de vida en que el lugar tuvo abiertas sus puertas. Consultado sobre la concepción de libro respecto a la escritura y la reconstrucción de la atmósfera del lugar, Diego Pérez Lema nos contestó: Captar y difundir la atmósfera del boliche significó todo un desafío y fue el cometido esencial de la producción del material. Cómo lograrlo; a través de qué estrategia discursiva fue toda una discusión. La historia presenta la enorme dificultad de hacer hablar a los muertos de un pasado que es imposible resucitar. La historia es sepulturera, con la misma pala que desentierra, entierra aquello que le es imposible conocer. Y es aquí donde la historia estrecha un vínculo inexorable con la literatura. Porque en definitiva la historia escribe sobre un papel virgen atravesado por las urgencias y perspectivas del presente. Cuando se encuentren con el texto leerán que se dedica importantes espacio a la sexualidad, el uso de los placeres y el goce de los cuerpos. Y esto no es antojadizo ni forzado sino que el presente nos interpela en relación a estos temas y Juntacadáveres fue un espacio trascendental en la post dictadura donde las desobediencias sexuales tuvieron allí un lugar cómodo donde expresarse.
En un principio pensamos esta producción como un foto libro pero enseguida nos dimos cuenta que las imágenes no hablan por sí solas, que el recorte del cuadro deja afuera muchas cosas que son importantes analizar y que la cantidad de imágenes conseguidas no bastaba como para representar las múltiples experiencias artísticas que se dieron en el lugar. En base a ello decidimos elaborar este material que condensa textos escritos con grafías (afiches, fotos, recortes de prensa periódica) para situar al lector en la atmósfera estética que se respiraba en Juntacadáveres. A través de mis producciones sobre la subcultura underground pos dictadura trato de correrme de la narrativa periodística que ha primado en la elaboración de contenidos sobre el rock y la contracultura para centrarme en una mirada histórica que haga dialogar el fenómeno subcultural con el contexto histórico que se desarrollaba en el Uruguay de la transición democrática y luego en la pos dictadura. Además, realizamos junto a Adriana Filgueiras y Gabriel Peveroni un extenso trabajo de recuperación del testimonio oral, de la memoria de aquellas personas que estuvieron involucradas en el boliche tanto si fueron artistas que realizaron eventos en el lugar o si era habitúes. Este trabajo presentó sus dificultades porque aparejada a la memoria se encuentra el olvido de aquello que no se puede o no se quiere mencionar. Estos relatos son presentados en el texto dialogando con la narrativa y las grafías expuestas de modo que no entorpezcan la lectura si no que contribuyan a enriquecer el texto. Si lo hemos logrado queda a criterio de quien se enfrenta al texto. Por otra parte es importante mencionar que la producción literaria que vengo desarrollando tiene como cometido poner en plano público un contenido específico que intenta abarcar a un espectro de público lector amplio y diverso. Por lo tanto la producción literaria se aleja del academicismo reduccionista para plantearse la divulgación como cometido central. Esto presenta también un importante desafío a la hora de escribir debido a que sin caer en simplismos y vaguedades intento divulgar en un lenguaje accesible, el contenido, las reflexiones y conceptualizaciones que quiero poner en discusión. Ubicado en Paullier y Rivera, no era más que una “casa pequeña y lúgubre, de polvorientos pisos de madera” con un living, donde ocurría todo. Abría sus puertas todos los días menos los martes. Y cada día sucedía algo. Lo imprevisible. Una misma noche podría tocar una banda de rock, luego una performance, un recitado de poesía y cerrar la programación con un concierto del Príncipe y la Sin Fónica entrada la madrugada. Cada semana se presentaba el dúo Suárez-Troncoso, luego de que se apagaran las luces cerca de la medianoche para hacer un espectáculo teatral improvisado por aquellos jóvenes que luego se convertirían en actores de renombre a nivel internacional.
Las performances de Los Melli o Jarabe Blues, una suerte de teatro de viñetas que destacaba por lo original y por la gran coordinación entre los actores a la hora de presentar sus obras. Pero, además, Juntacadáveres era un espacio donde el escenario ocupaba todo el lugar, la frontera entre actores y público se disolvía, se difuminaba. Hay un aspecto que el libro destaca especialmente y está relacionado a lo anterior. Juntacadáveres creó una atmósfera que dio importancia a la sensibilidad del uso de los cuerpos y los placeres, que entendió la sexualidad y el género de una manera diferente, donde uno podía experimentar con libertad y sin ser juzgado. Respecto a cuáles fueron los disparadores que iniciaron la investigación sobre Juntacadáveres, Diego Pérez Lema me contestó lo siguiente: El boliche fue un caldo prebiótico para la historia del underground montevideano porque allí emergieron múltiples artistas que a inicios de los noventa no tenían otro lugar para desarrollar sus artes. Juntacadáveres hizo dialogar el rock con el teatro, la performance, la danza, la instalación, la plástica y el dibujo.
Fue un espacio muy importante para la escena del rock posdictadura en un momento donde existía un pronunciado declive de la movida de la segunda ola que había arrancado en 1985 y prácticamente desaparece en 1989 cuando el sello Orfeo cierra; se disuelven Los Traidores, Los Tontos y Los Estómagos y hay un declive también de las publicaciones subtes. Juntacadáveres va a reunir a aquellas bandas que no tienen un lugar para tocar en Montevideo. Juntacadáveres fue muy importante porque reunió a las desobediencias sexuales de aquel momento. Personas gays, lesbianas y trans que no encontraban espacios en otros boliches en Montevideo comenzaron a frecuentar el Junta, porque era un lugar donde no se sentían discriminadas. Allí se mezclaba estas personas con una fauna muy particular compuesta por bohemios, lúmpenes, poetas, músicos, escritores, actores y actrices. En un país de cuerpos torturados, silenciados, mutilados, encorsetados y llenos de miedos, Juntacadáveres fue un espacio descomprimido, donde los cuerpos se restituían, recuperando su libertad. Todo acto de placer y de goce fue señalado como perverso, perturbador y amenazante. Los boliches y la reapropiación de los espacios urbanos contrastaban con el afuera ordenadamente trágico y represivo. Recordemos que aún existían las razzias policiales contra la juventud desobediente.
Allí se cambiaba el aislamiento, la clandestinidad y la autocensura por la colectivización, la liberación y la creatividad. Esto no fue muy bien visto ni por la izquierda partidaria o aquella reunida en organizaciones sindicales y gremiales que veían el rock como una influencia foránea del imperialismo en las mentes de los jóvenes. Tampoco fue bien vista por la derecha que veía el rock como una expresión de obscenidad y decadencia. Esos espacios de reposición patriarcal contrastaban con estas experiencias de liberación del placer y del goce de los cuerpos. La(s) memoria(s) de Juntacadáveres encuentran espacios en las territorialidades del hoy porque nos permiten visionar el recorrido histórico no progresivo que han tenido las políticas sexuales y de los cuerpos en este espacio contrapúblico del underground. ¿Cómo llegamos a construirnos actualmente espacios inclusivos, libres de acoso y de la tutela institucional? ¿Qué espacios se han perdido? ¿Qué lugares y discursos se ha tragado el neoliberalismo progresista e inclusivo? Este recorrido nos permite repensar por qué se vienen despolitizando y desexualizando formas de lucha, redes políticas y procesos históricos que se rehúsan a ser asimilados por una óptica facilista y amortiguadora. ¿Cómo pensamos el movimiento social en la década de 1990? ¿Por qué se despolitizan y desexualizan las resistencias y creaciones que tuvieron emergencia? ¿Los años noventa constituyen una etapa de desmovilización social? Un eco lejano Varios testimonios destacan a Juntacadáveres como un espacio fundamental para la escena subterránea de la posdictadura por esta razón, por el lugar que le daba a los cuerpos, a la sexualidad y a lo abyecto. En una sociedad que era muy violenta respecto a la homosexualidad, muchos encontraron en la casona del Cordón un ambiente más abierto. Un espacio de fuga a través de las artes, que le debe a las experiencias de las vidas comunitarias generadas entre 1985 y 1990, por ejemplo el proyecto de la comunidad Garibaldi. En medio de una Montevideo envejecida, pacata y asustadiza ante cualquier novedad, Juntacadáveres reunía artistas, extraviados, gays, travestis femeninas, mujeres, darks, extranjeros, lúmpenes poetas, gente de clase media, voyeristas, punks, postpunks, dealers. En definitiva, una atmósfera paria, en la que todo podía suceder, donde era raro el día que no ocurriera algo fuera de lo habitual. Recolectar los testimonios de los protagonistas no fue una tarea sencilla. Como conversábamos minutos antes de la presentación con Adriana Filgueiras –colaboradora del libro, quien estuvo en la barra del Junta e integrante del grupo teatral Jarabe Blues–, muchos de quienes participaron activamente de las actividades de Juntacadáveres en ese período ya han fallecido. Por mencionar algunos: Ana Blankleider, El Príncipe, Tüssi Dematteis o Andy Adler. Le pregunté a Diego Pérez Lema sobre esto. ¿Cómo se reconstruye una historia cuando muchos de sus protagonistas ya no están? Me respondió: Fue un proceso largo, lento, pero muy divertido. La metodología utilizada incorpora el relato oral, las fuentes escritas en recortes de los suplementos culturales de prensa periódica y el uso de la fotografía. Particularmente el trabajo con la memoria implica también encontrar el testimonio ausente e imposible de aquellos que hablan por boca de terceros. Hay decenas de relatos irrecuperables de una generación atravesada por los excesos que no pueden recordar, desean olvidar o ya no están, se murieron jóvenes. Es importante acercarnos a las reflexiones que Alessandro Portelli realiza en Historia y memoria: la muerte de Luigi Trastulli para comprender que recordar un hecho supone la elaboración, transformación e interpretación de los procesos históricos vividos donde opera la representación simbólica de un hecho que se transforma en una estrategia inventiva de una realidad.
Esta operación se encuentra atravesada por el deseo de contar, imaginar, decir, justificar, crear y actuar. En la memoria oral operan diversas variables que debemos considerar. Por un lado la transposición y condensación donde los eventos son ordenados de diferentes maneras según la subjetividad del narrador y la traslación cronológica y contextual donde, afectados por el tiempo, los testimonios elaboran estrategias con diferente utilidades políticas donde existe una función subjetiva jerarquizante sobre qué y por qué memoriar: necesidad de mantener abierta una causa, garantizar el recuerdo y protegerlo del olvido, espíritu de ceremonia, homenaje, heroicismo y monumentalización. Por eso el trabajo con la memoria es muy delicado. A lo largo de mis investigaciones en el área, he realizado decenas de entrevistas. Aún continúo haciéndolo. Sin embargo, la memoria under lleva muchas veces la marca particular de la confusión, el olvido, la pérdida de memoria y las secuelas del consumo problemático de sustancias. La ausencia de recuerdos que impregna la experiencia se convierte, en última instancia, en la lógica de todo recuerdo que no se puede archivar.
El legado de Juntacadáveres En días en los que parece que la propuesta nocturna y la cultura en general está basada en lo previsible, en lo redituable y con el menor riesgo posible, como un eco lejano, Juntacadáveres vuelve, como un eterno retorno de lo reprimido, a revelarnos un pasado. Lo reprimido que se hacía carne cada noche en ese living de la vieja casona de Juan Paullier y Rivera. Un eco incómodo que hoy tiene visibilidad gracias a este libro tan necesario y urgente. ¿Qué legado nos deja Juntacadáveres? Esa fue la última pregunta que quería hacerle a Diego, tras esta investigación tan extensa y sacrificada:
Yo creo que hay varios aspectos que son importantes recuperar y poner en plano público para visibilizar el espacio excepcional que constituyó Juntacadáveres en el contexto cultural de la posdictadura. Por un lado, quise quitar al boliche de ese lugar mítico en el que se lo ha situado para restituirle en una dimensión que se vincule un poco más equilibradamente con lo que realmente sucedió allí. Todos tienen derecho a recuperar su pasado, pero no hay razón para erigir un culto a la memoria por la memoria misma. El Junta se ha convertido, para los amateurs —amar/hacer—, en un residuo oscuro y atractivo donde iluminar aquellas microrresistencias halladas en subtextos de disidencia cultural que derivan, muchas veces, en interpretaciones caricaturescas. ¿Centro cultural? ¿Pub? ¿Apenas un esbozo de su idea original? Este trabajo pretende cuestionar la narrativa ocultista y de culto, para construir una interpretación que aporte lucidez al imaginario que se ha construido sobre este boliche y lo que giraba en su contexto. Sacralizar la memoria es otro modo de hacerla estéril. El cometido de esta investigación es reconstruir historia(s) sobre Juntacadáveres que nos inviten a reflexionar dónde encuentra su memoria, un espacio, en los territorios de hoy. Por otro lado, quise quitar al boliche de su dimensión meramente musical. Se ha recordado a Juntacadáveres solamente por haber sido cuna del casete Criaturas del Pantano con las bandas del círculo de Andy Adler, pero tocaron muchísimas otras bandas.
Era un lugar muy polifónico. En una misma noche podía tocar Cross y luego en la madrugada El Príncipe. Todo eso mezclado con otras artes como la performance poética, la instalación, la danza y el teatro revulsivo. Y por último quise rescatar su dimensión sexual, el régimen de placeres y de goce de los cuerpos que allí se ensayaba y que fue el caldo prebiótico de lo que experimentamos hoy. El rock de la primera ola de los ’70 y de la segunda ola de fines de los ’80 fue un espacio de varones, donde las mujeres eran relegadas a coristas o simples musas. Era una escena bastante homofóbica. No había disidencias sexuales arriba del escenario ni debajo. El rock de los ochenta tuvo un mensaje más político, directo, de choque, muy violento, de resistencia frente al legado de la dictadura, pero no logró correrse del mandato heterocentrista que imponía la cultura conservadora. Para muchos varones del rock, Juntacadáveres funcionó como un espacio para explorar nuevas formas de vivir la sexualidad donde las estéticas andróginas y las prácticas bisexuales comenzaron a manifestarse tanto en hombres como en mujeres. Lo más interesante fue comenzar a dimensionar el régimen de placer y de goce de los cuerpos que se experimentaba en el lugar. Todos los entrevistados destacaron que Juntacadáveres era un lugar amigable para las desobediencias sexuales. Allí las personas con tendencia a comenzaron a ver que otras se animaban. Que te podía gustar el rock, las drogas, el activismo social, la estética dark y además chupar y ser chupada. Ese soy lo que se da significa vivir en forma del como si no, destruyendo toda propiedad jurídica y social, sin que esta deposición funde una nueva identidad asimiladora. Dejar de reclamarle un lugar en las estructuras de representatividad institucional a aquellas experiencias y vidas que no procuraron encerrarse en ninguna taxonomía identitaria e ignoraron cualquier intención de representatividad constituyó un poder destituyente. Quienes curtían estos lugares no pretendían identificarse solo por su sexualidad o resignarse a morir de angustia, condenadas a la infelicidad. Lo importante es observar cómo el deseo lesbiano encerrado en un cuarto tapizado de pósters o sobrevivientes en la discreción buscó y encontró en estos espacios una forma de socialización diferente. Esas zonas de contacto en las divergencias que rompieron con la línea recta trazada de antemano para los cuerpos desobedientes. Refiere a espacios temporales, efímeros, que van y vienen como esas personas que los frecuentaron, y que no buscaron «gente como yo», sino puntos de contacto donde encontrar desbordes. Y yo creo que esa atmósfera de placer y de contacto fue un diferencial que hizo de Juntacadáveres un lugar único en la escena under de Montevideo de los años noventa. En Montevideo, Santa María o en el infierno. “or Uraguay [sic] or Hell”, escribió Bukowski en 1965. En cualquier parte habrá una grieta, un espacio, un intersticio, un resquicio donde poder refugiarse, donde entra la luz. A principios de la década de los 90s esa fisura fue Jutacadáveres y el trabajo de Diego Pérez Lema en colaboración con Adriana Filgueiras y Gabriel Peveroni dan testimonio de ello con la ayuda de un gran trabajo de edición de Alter Ediciones. Juan Aguerre
Pub que estuvo abierto en la calle Juan Paullier 1436, en Montevideo, entre los años 1991 y 1994, llamado Juntacadáveres en homenaje a la novela publicada por Juan Carlos Onetti en 1964.
ResponderEliminarhttp://peveroni.blogspot.com/2013/02/brindis-por-juntacadaveres-y-otras.html
ResponderEliminarLo bauticé con Cachaça durante mi cumple de de 18 unos días antes de su inauguración! Ivana Menchaca , Miguel Jelen , Ana Blankleider y Ruben Omar me dieron la llave para que hiciera la fiesta , memorable, luego fuí un asiduo concurrente
ResponderEliminarjee buena anecdota,gracias por estar y recordar..
ResponderEliminarRecuerdo el sillón de peluquero y el monitor con vídeos pirados. También Tengo la idea de Que la barra era una ventana chiquita. Era genial
ResponderEliminarMUY LOCO ESE LUGAR¡¡,GRACIAS POR RECORDAR Y COMENTAR..
ResponderEliminarRecuerdo siendo menor pero con otro aspecto, concurrir frecuentemente a JUNTACADÁVERES. Ahí pude ver a Buenos Muchachos, Los Gallos Humanos y a Cross, que por aquel entonces era a la banda que seguía. IMPRESIONANTE lugar, no por lo edilicio, sino por la "fauna" interior y en sus alrededores...la verdad imborrables recuerdos, sobre todo del pedazo de una pared que no se demolió por completo que servía para entrar al pogo desde lo "alto" y la barra que no era más que un tablón de obra en una ventana. Genial!
ResponderEliminarRARO LUGAR,LINDA FAUNA,MUY ORIGINAL,GRACIAS POR ESTAR Y RECORDAR
ResponderEliminarUruguay UnderUndergroundM- página
ResponderEliminar20 de febrero de 2016 ·
Quién escribe supo estar numerosas noches en Juntacadáveres PUB- Juan Paullier 1436 Y Rivera, alla entre 1991 y 1994, cuna del Under montevideano en esos tiempos.
Recuerdo que fui con un amigo porque habia una banda que no era nada parecido a lo que se habia visto por estos lares que hacian covers de The Stooges: LOS CHICOS ELECTRICOS; de hecho era asi, mi recuerdo mas tangible era que todos sus integrantes estaban muy acelerados, diría completamente drogados y/o borrachos, tocando de un modo frenético y sin dar respiro a la gente que miraba sorprendida de algo tan normal en otros lares, pero no en Montevideo.
Recuerdo que era todo barato en el junta, una entrada de 30 pesos de ahora serían y un vaso de vino por 15 pesos. En la puerta estaba el negro Tabaré o el Pichu controlando y siempre algún punky que se negaba a pagar esas monedas porque eran punks, entraban de todos modos.
El lugar era chico con las paredes sin el revoque en su mayoria dejando ver los ladrillos rojos y el piso de madera polvorienta, un escenario de pocos centimetros de altura y una barra minúscula todo muy sucio o rustico; un baño de 2 metrps x 2 mts. siempre ocupado mas por gente tomando merca que orinando y otros orinando en la puerta asi les llegaba a los pies de los que hacían uso indebido del mismo... muchas veces en el baño se juntaba a pesar de ser chico gente a conversar mientras se sentian las esnifadas y puteadas de los que esperaban, muchas veces el dueño andaba en esa tertulia, un pelilargo muy a tono con su boliche. Entre otras bandas tocaban siemrpe LOS BUENOS MUCHACHOS, LOS SUPERSONICOS Y CROSS que presentó su emblematico INSTINTO SALVAJE en el junta. Pero siempre había gente particular; toda la fauna del rock mas extrangeros, escritores y gente que iba porque sabía que ahi siempre pasaba algo interesante. Recuerdo todo muy surrealista, siempre gente orinando en la esquina ya que adentro era imposible, punkies vomitando en la puerta y gente muy drogada en todos lados. Cada tanto patrulleros que te llevaban porque todavía existían las razzias y era campo fertil para hacer número. Nunca vi una pelea en JUNTACADAVERES, nunca nadie se quedó sin entrar por no tener dinero, nunca nadie que se quisiera emborrachar no lo hizo, era de una diversidad pacífica y tolerante. He leido algunos artículos del junta alguna vez, luego los reyes del junta se disolvieron vaya uno a saber porqué pero no creo hayan logrado esa mísitca en ningún otro lugar, me refiero a LOS CHICOS ELECTRICOS y quién diría que serian LOS BUENOS MUCHACHOS los que mayor reconocimiento tendrían, cuando eran unos borrachos que desafinaban mas de la cuenta y cantaban a veces en un ingles terrorifico ja. No recuerdo otro lugar así en Montevideo a lo largo del tiempo; no llegué a conocer el pub GRAFFITI de Carrasco donde tocaron las bandas de la primera ola del rock de los 80s y si bien en Perdidos en Yaguarón y Durazno tocaron todas las bandas de los 90s no era ni semejante. No es facil de explicar pero si te gustaba el rock, eso era el rock, en tiempos que recién surgía NIRVANA aca teníamos bandas haciendo covers de NIRVANA. Era un lugar atractivo y efervescente, no por hacer apología pero supongo que los que estuvieron ahi saben a lo que me refiero. Aca mi recuerdo para un lugar emblema de ese Montevideo tan lejano.
Mis viejos formaron parte de juntacadaveres, crecí escuchando sus anecdotas, qué lindo hoy leerles y reconstruirlo desde otro lugar. Recordarles así, siempre under, siempre abiertos a multiplicar el arte local y su fauna. Gracias por compartir!
ResponderEliminarFlorcita! Siempre presentes Miky e Ivana❤️
EliminarARRIBAA¡¡,BUENOS RECUERDOS,¡¡SALUDOS
ResponderEliminarAntes pasabamos por el bolichito de Rivera y Paullier? Alguien recuerda como se llamaba?
ResponderEliminarEn estos días se presenta el libro “Juntacadáveres, el caos vital”, que repasa la historia de un lugar de encuentro legendario y rodeado de historias y leyendas.
ResponderEliminar¿Cómo surge la idea de hacer este libro?
Pensamos inicialmente este trabajo como un fotolibro en el que las imágenes parlantes guiaran al lector en su interpretación sobre las historias que se sucedieron en el boliche Juntacadáveres. Contábamos con que existía un extenso archivo fotográfico creado por Raúl Burguez sobre el boliche. Ese archivo, al que demoramos dos años en acceder, no era más que un fondo con una decena de fotos. Mientras reuníamos los fondos personales de fotografías realizadas por personas aficionadas, fuimos comprendiendo que las imágenes no hablan por sí solas, que la cantidad reunida era escueta, que las imágenes son un acto en sí, no dicen la verdad porque constituyen una tajada que deja fuera todo lo otro que no entra en el encuadre y, en definitiva, quienes ordenan la disposición de las imágenes en páginas terminan siendo sus autores en una interesante tensión con el editor. Rápidamente, junto con Claudio Burguez, Adriana Filgueiras y Gabriel Peveroni, fuimos entendiendo las dificultades que se presentaban para crear un archivo que lograse representar las arborescentes capas de artes que allí tuvieron lugar y las diferentes ramas por las que se descolgaba el boliche. La insuficiencia de material fotográfico generó que el proyecto original virara y, consigo, los diversos intereses de quienes nos acompañaron en primera instancia. Algunos nos quedamos prendidos como niños de las ramas de ese árbol. Quisiera agradecer a Adriana Filgueiras quien me acompañó en todo el proceso de investigación y a Manuel Carballa, el editor de alter que confió en nuestro trabajo.
¿Por qué es importante contar la historia de este lugar legendario?
ResponderEliminarJuntacadáveres, el boliche fue un caldo prebiótico para la historia del underground montevideano porque allí emergieron múltiples artistas que a inicios de los noventa no tenían otro lugar para desarrollar sus artes. Juntacadáveres hizo dialogar el rock con el teatro, la performance, la danza, la instalación, la plástica y el dibujo. Fue un espacio muy importante para la escena del rock posdictadura en un momento donde existía un pronunciado declive de la movida de la segunda ola que había arrancado en 1985 y prácticamente desaparece en 1989 cuando el sello Orfeo cierra; se disuelven Los Traidores, Los Tontos y Los Estómagos y hay un declive también de las publicaciones subtes. Juntacadáveres va a reunir a aquellas bandas que no tienen un lugar para tocar en Montevideo. Fue muy importante porque reunió a las desobediencias sexuales de aquel momento. Personas gays, lesbianas y trans que no encontraban espacios en otros boliches en Montevideo comenzaron a frecuentar el Junta, porque era un lugar donde no se sentían discriminadas. Allí se mezclaba estas personas con una fauna muy particular compuesta por bohemios, lumpenes poetas, músicos, escritores, actores y actrices. En un país de cuerpos torturados, silenciados, mutilados, encorsetados y llenos de miedos, Juntacadáveres fue un espacio descomprimido, donde los cuerpos se restituían, recuperando su libertad. Todo acto de placer y de goce fue señalado como perverso, perturbador y amenazante. Los boliches y la reapropiación de los espacios urbanos contrastaban con el afuera ordenadamente trágico y represivo. Recordemos que aún existían las razzias policiales contra la juventud desobediente. Allí se cambiaba el aislamiento, la clandestinidad y la autocensura por la colectivización, la liberación y la creatividad. Esto no fue muy bien visto ni por la izquierda partidaria o aquella reunida en organizaciones sindícales y gremiales que veían el rock como una influencia foránea del imperialismo en las mentes de los jóvenes. Tampoco fue bien vista por la derecha que veía el rock como una expresión de obscenidad y decadencia. Esos espacios de reposición patriarcal contrastaban con estas experiencias de liberación del placer y del goce de los cuerpos.
¿Cómo fue el proceso de “reconstruir” la historia de Juntacadaveres?
ResponderEliminarFue un proceso largo, lento, pero muy divertido. A mí me apasiona lo que hago y por tanto no tengo problemas de pasarme tres años investigando, como sucedió con este proyecto. La metodología utilizada incorpora el relato oral, las fuentes escritas en recortes de los suplementos culturales de prensa periódica y el uso de la fotografía. Desde el inicio nos propusimos generar una interpretación partiendo desde la historia social desde abajo, donde los protagonistas de aquella escena puedan, a través de una metodología de investigación basada en la entrevista, amplificar sus voces articuladas a una narrativa que se desmarca de los trabajos periodísticos sobre el tema, que centran la mirada únicamente en la escena rockera del boliche que se sucedió en su última etapa.
¿Hubo algún aspecto que quisiste contar especialmente?
Varios. Por un lado, quise quitar al boliche de ese lugar mítico en el que se lo ha situado para restituirle en una dimensión que se vincule un poco más equilibradamente con lo que realmente sucedió allí. Todos tienen derecho a recuperar su pasado, pero no hay razón para erigir un culto a la memoria por la memoria misma. El Junta se ha convertido, para los amateurs —amar/hacer—, en un residuo oscuro y atractivo donde iluminar aquellas microrresistencias halladas en subtextos de disidencia cultural que derivan, muchas veces, en interpretaciones caricaturescas. ¿Centro cultural? ¿Pub? ¿Apenas un esbozo de su idea original? Este trabajo pretende cuestionar la narrativa ocultista y de culto, para construir una interpretación que aporte lucidez al imaginario que se ha construido sobre este boliche y lo que giraba en su contexto. Sacralizar la memoria es otro modo de hacerla estéril. El cometido de esta investigación es reconstruir historia(s) sobre Juntacadáveres que nos inviten a reflexionar dónde encuentra su memoria, un espacio, en los territorios de hoy.
Por
Mauricio Rodriguez
Publicado diciembre 15, 2025
Gustavo Eterno
ResponderEliminarUruguay UnderUnderground todos tuvimos nuestros achiques y en mi memoria están Juntacadaveres y Perdidos 💪🏾,...hay algunos otros pero estos 2 por lejos
Pablo Magallanes
Qué orgullo enorme, de verdad 😌🔥
No es poca cosa que Rubén Rivero, el dueño de Juntacadáveres, te diga eso. Si alguien sabe lo que fue ese lugar, es él. Que te haya elogiado el post y encima diciendo que fue lo mejor que leyó es increíble por más post cómo los que haces a diario. Ojalá hubiese llegado a conocer ese lugar. Un abrazo grande y gracias por culturizarnos
Autor
Uruguay UnderUnderground
Pablo Magallanes gracias pablo, valore que tomaras tu tiempo para escribir eso. Abrazo
Pablo Magallanes cómo no vas a conocer ??!!! si sos mucho mayor que yo ..... abrazo . Ahí vi a cross x primera vez año 93 creo ...
Pablo Magallanes
Nico Cl Jajaja en el 93 recién yo estaba entrando al liceo pero...está bueno esto ya q confirmado invoque gente desaparecida 👻No venís a las reuniones pero saltás por este gran boliche que ya lamentablemente no existe más 😆 prioridades claras.
Lanona Nicolini
Que recuerdos.... Me saltó una lagrimilla.... Entre Juntacadáveres y Amarillo iba mi vida nocturna.....
Denis Maneiro
Ahi festeje un cumple... Cuando toco Cross 🤘
Marcos Tejera
Un legado de los guerreros nocturnos!
Un lugar en nuestros caminos 👌
Que locura y que recuerdos mamita
Uruguay UnderUnderground
ResponderEliminar·Con orgullo les cuento que el dueño del Pub Ruben Rivero Juntacadaveres me elogio el post diciendo que fue lo mejor que leyo... un orgullo haber logrado describir algo tan mítico en pocas palabras
Uruguay UnderUnderground página
ResponderEliminar20 de febrero de 2016 ·
Quién escribe supo estar numerosas noches en Juntacadáveres PUB- Juan Paullier 1436 Y Rivera, alla entre 1991 y 1994, cuna del Under montevideano en esos tiempos.
Recuerdo que fui con un amigo porque habia una banda que no era nada parecido a lo que se habia visto por estos lares que hacian covers de The Stooges: LOS CHICOS ELECTRICOS; de hecho era asi, mi recuerdo mas tangible era que todos sus integrantes estaban muy acelerados, diría completamente drogados y/o borrachos, tocando de un modo frenético y sin dar respiro a la gente que miraba sorprendida de algo tan normal en otros lares, pero no en Montevideo.
Recuerdo que era todo barato en el junta, una entrada de 30 pesos de ahora serían y un vaso de vino por 15 pesos. En la puerta estaba el negro Tabaré o el Pichu controlando y siempre algún punky que se negaba a pagar esas monedas porque eran punks, entraban de todos modos.
El lugar era chico con las paredes sin el revoque en su mayoria dejando ver los ladrillos rojos y el piso de madera polvorienta, un escenario de pocos centimetros de altura y una barra minúscula todo muy sucio o rustico; un baño de 2 metrps x 2 mts. siempre ocupado mas por gente tomando merca que orinando y otros orinando en la puerta asi les llegaba a los pies de los que hacían uso indebido del mismo... muchas veces en el baño se juntaba a pesar de ser chico gente a conversar mientras se sentian las esnifadas y puteadas de los que esperaban, muchas veces el dueño andaba en esa tertulia, un pelilargo muy a tono con su boliche. Entre otras bandas tocaban siemrpe LOS BUENOS MUCHACHOS, LOS SUPERSONICOS Y CROSS que presentó su emblematico INSTINTO SALVAJE en el junta. Pero siempre había gente particular; toda la fauna del rock mas extrangeros, escritores y gente que iba porque sabía que ahi siempre pasaba algo interesante. Recuerdo todo muy surrealista, siempre gente orinando en la esquina ya que adentro era imposible, punkies vomitando en la puerta y gente muy drogada en todos lados. Cada tanto patrulleros que te llevaban porque todavía existían las razzias y era campo fertil para hacer número. Nunca vi una pelea en JUNTACADAVERES, nunca nadie se quedó sin entrar por no tener dinero, nunca nadie que se quisiera emborrachar no lo hizo, era de una diversidad pacífica y tolerante. He leido algunos artículos del junta alguna vez, luego los reyes del junta se disolvieron vaya uno a saber porqué pero no creo hayan logrado esa mísitca en ningún otro lugar, me refiero a LOS CHICOS ELECTRICOS y quién diría que serian LOS BUENOS MUCHACHOS los que mayor reconocimiento tendrían, cuando eran unos borrachos que desafinaban mas de la cuenta y cantaban a veces en un ingles terrorifico ja. No recuerdo otro lugar así en Montevideo a lo largo del tiempo; no llegué a conocer el pub GRAFFITI de Carrasco donde tocaron las bandas de la primera ola del rock de los 80s y si bien en Perdidos en Yaguarón y Durazno tocaron todas las bandas de los 90s no era ni semejante. No es facil de explicar pero si te gustaba el rock, eso era el rock, en tiempos que recién surgía NIRVANA aca teníamos bandas haciendo covers de NIRVANA. Era un lugar atractivo y efervescente, no por hacer apología pero supongo que los que estuvieron ahi saben a lo que me refiero. Aca mi recuerdo para un lugar emblema de ese Montevideo tan lejano.
Juntacadáveres PUB- Juan Paullier 1436 Y Rivera,
ResponderEliminarUruguay UnderUnderground
ResponderEliminarReseña de "Juntacadáveres. El caos vital" de Diego Pérez Lema (Alter Ediciones)
colaboración de Adriana Filgueiras y Gabriel Peveroni.
Fue en un boliche de Buenos Aires. Un hombre entra y le pregunta al mozo: “Che, ¿vino el Junta?”, a lo que este responde: “No, no vino”. Onetti, que estaba ahí, escucha la conversación y le llama la atención ese nombre. Al rato, el mismo tipo vuelve a aparecer y repite la pregunta: “¿Vino el Junta?”, y recibe la misma respuesta. Intrigado, Onetti se acerca a pagar y aprovecha para preguntarle al mozo quién es ese tal Junta. El mozo le explica que le dicen Juntacadáveres porque es el dueño de un prostíbulo venido a menos, y que las mujeres que andan con él ya no son jóvenes ni hermosas, sino monstruos: demasiado viejas, demasiado gordas o demasiado flacas.
De esa conversación casual, Onetti se apropió del apodo para dárselo a Larsen y titular así su novela Juntacadáveres. Años más tarde, ese mismo nombre bautizaría también a uno de los boliches más míticos del Montevideo de los años 90.
El sábado 21 de diciembre tuvo lugar la presentación oficial del libro Juntacadáveres. El caos vital de Diego Pérez Lema en colaboración de Adriana Filgueiras y Gabriel Peveroni, editado por Alter Ediciones, en la feria Ideas Más en el Parque Rodó.
El clima no era el ideal, y las primeras gotas empezaron a caer a pocos minutos de la presentación. La misma iba a ser al aire libre, en un escenario montado sobre la fuente de Venus. De todas maneras, fui a tomar asiento porque la presentación no se suspendería.
Detrás mío había dos señoras charlando. Una le decía a la otra: “¿Conocés Juntacadáveres? Era un boliche under, pero under mal. Ahora lo van a explicar. Vos no lo conociste, pero yo me acuerdo. Era la meca del reviente. Era under, under”. El boliche fue clausurado en 1993, durante la intendencia de Tabaré Vázquez, y en el apartado final del libro, escrito por Gabriel Peveroni a modo de epílogo, se describe el encuentro entre él, otros representantes de Juntacadáveres y María Julia Muñoz, entonces secretaria general de la Intendencia. Esta les dijo, tajante: “Lo de ustedes no es un centro cultural, es un antro lleno de drogas y faloperos”. Así que ni sueñen que lo van a volver a abrir”. Parece seguir la línea onettiana de los conservadores de Santa María que, frente a los emprendimientos de Junta, sentenciaban: “cuando un pueblo pierde el sentido de la decencia es justo que pierda también la Divina Providencia”
Sin embargo, como dijo en la presentación Diego Pérez Lema sobre Juntacadáveres. El caos vital, “el libro lo que intenta es, por un lado, quitar ese sentido mítico de ‘lugar de culto’ para acercarlo más equilibradamente a lo que realmente fue”.
Cervezas, navajas y distorsión
Todo lo que conocía de Juntacadáveres se lo debía enteramente a la música. Asociaba al lugar como caldo de cultivo de bandas como Chicos Eléctricos, Buenos Muchachos, Amables Donantes, La Hermana Menor, Cross, Exilio Psíquico, The Supersónicos, entre otras. Por eso, la noticia de la presentación del libro llamó inmediatamente mi atención. Pero Juntacadáveres fue mucho más que una sala de conciertos; fue un espacio contracultural que combinaba espectáculos de teatro experimental, talleres, proyecciones audiovisuales, performances, recitado de poesía, entre otras cosas. También ofició de lugar de reunión para una juventud postdictadura desencantada, con la sensación de que el régimen se había perpetuado a través de una represión aún latente —las razzias— en una ciudad pacata y conservadora. Fue, en definitiva, un espacio de libertad, de descubrimiento, de experimentación de todo tipo. Un espacio que desafiaba lo previsible, lo monótono, lo abúlico, lo gris de una Montevideo sumergida en la melancolía, especialmente para los jóvenes, en una continuidad aparente siempre vigilada por presiones, rutinas, inercias, por esa debilidad y esa cobardía que nos vuelven indignos de la libertad.
Según el autor, Diego Pérez Lema, Juntacadáveres surgió en un momento bisagra para la cultura juvenil montevideana. La segunda ola del rock uruguayo llegaba a su fin: era 1989 y, en especial, el 2 de agosto, cuando Los Estómagos se despidieron en el Cine Cordón, en un momento que marcó el fin de una época. Sin embargo, la resistencia a la dictadura tras la salida democrática por parte de los jóvenes no se manifestó solamente con la música rock, sino también con los fanzines, las revistas subterráneas, las cooperativas artísticas, la Coordinadora Anti Razzias –investigación que Pérez Lema aborda en sus libros anteriores: ¿Quién escupió el asado? y Bajo tierra, también editados por Alter–. En los 90s hay un quiebre, además de los Estómagos, otros grupos claves dejan de tocar, cierra el sello Orfeo, que los editaba, y se disuelve la Coordinadora Anti Razzias. Entonces, Juntacadáveres va servir de refugio para esa subcultura under que había quedado huérfana, que no contaba con un espacio para manifestarse. Y lo logró. Juntacadáveres fue un lugar rico en rarezas culturales y artísticas que funcionó como un caldo prebiótico para todo lo que vino después.
ResponderEliminarUn cronista del caos
Diego Pérez Lema, nacido en 1990, tenía apenas un año cuando Juntacadáveres abrió sus puertas.
Por eso, su trabajo de investigación presenta un desafío adicional. No se trata simplemente de narrar la historia de un boliche, antro, centro cultural o pub –como se lo quiera llamar–, sino de reconstruir una atmósfera, el espíritu de un lugar. Ese es, precisamente, el gran mérito y logro del libro.
ResponderEliminarTestimonios de distintas personalidades que frecuentaban el lugar, fotografías, afiches, poemas, letras de canciones, prosa de a ratos narrativa y de a ratos poética se entrelazan, se mezclan a modo de revivir la dinámica del lugar, donde todo era imprevisible, donde nunca se sabía qué iba a pasar, donde lo que no faltaba era la sorpresa en contraste con una Montevideo gris y previsible. El libro logra que este collage no entorpezca la lectura, todo lo contrario. Uno sigue leyéndolo sin pausa, deteniéndose en las imágenes, contemplando los afiches con admiración, lo artesanal y la creatividad de la que Juntacadáveres fue caldo de cultivo y que el libro recrea de manera magistral. Además, incluye al final una reconstrucción de la cronología de los eventos ocurridos a lo largo de los dos años de vida en que el lugar tuvo abiertas sus puertas.
Consultado sobre la concepción de libro respecto a la escritura y la reconstrucción de la atmósfera del lugar, Diego Pérez Lema nos contestó:
Captar y difundir la atmósfera del boliche significó todo un desafío y fue el cometido esencial de la producción del material. Cómo lograrlo; a través de qué estrategia discursiva fue toda una discusión. La historia presenta la enorme dificultad de hacer hablar a los muertos de un pasado que es imposible resucitar. La historia es sepulturera, con la misma pala que desentierra, entierra aquello que le es imposible conocer. Y es aquí donde la historia estrecha un vínculo inexorable con la literatura. Porque en definitiva la historia escribe sobre un papel virgen atravesado por las urgencias y perspectivas del presente. Cuando se encuentren con el texto leerán que se dedica importantes espacio a la sexualidad, el uso de los placeres y el goce de los cuerpos. Y esto no es antojadizo ni forzado sino que el presente nos interpela en relación a estos temas y Juntacadáveres fue un espacio trascendental en la post dictadura donde las desobediencias sexuales tuvieron allí un lugar cómodo donde expresarse.
En un principio pensamos esta producción como un foto libro pero enseguida nos dimos cuenta que las imágenes no hablan por sí solas, que el recorte del cuadro deja afuera muchas cosas que son importantes analizar y que la cantidad de imágenes conseguidas no bastaba como para representar las múltiples experiencias artísticas que se dieron en el lugar. En base a ello decidimos elaborar este material que condensa textos escritos con grafías (afiches, fotos, recortes de prensa periódica) para situar al lector en la atmósfera estética que se respiraba en Juntacadáveres.
ResponderEliminarA través de mis producciones sobre la subcultura underground pos dictadura trato de correrme de la narrativa periodística que ha primado en la elaboración de contenidos sobre el rock y la contracultura para centrarme en una mirada histórica que haga dialogar el fenómeno subcultural con el contexto histórico que se desarrollaba en el Uruguay de la transición democrática y luego en la pos dictadura.
Además, realizamos junto a Adriana Filgueiras y Gabriel Peveroni un extenso trabajo de recuperación del testimonio oral, de la memoria de aquellas personas que estuvieron involucradas en el boliche tanto si fueron artistas que realizaron eventos en el lugar o si era habitúes. Este trabajo presentó sus dificultades porque aparejada a la memoria se encuentra el olvido de aquello que no se puede o no se quiere mencionar. Estos relatos son presentados en el texto dialogando con la narrativa y las grafías expuestas de modo que no entorpezcan la lectura si no que contribuyan a enriquecer el texto. Si lo hemos logrado queda a criterio de quien se enfrenta al texto.
Por otra parte es importante mencionar que la producción literaria que vengo desarrollando tiene como cometido poner en plano público un contenido específico que intenta abarcar a un espectro de público lector amplio y diverso. Por lo tanto la producción literaria se aleja del academicismo reduccionista para plantearse la divulgación como cometido central. Esto presenta también un importante desafío a la hora de escribir debido a que sin caer en simplismos y vaguedades intento divulgar en un lenguaje accesible, el contenido, las reflexiones y conceptualizaciones que quiero poner en discusión.
Ubicado en Paullier y Rivera, no era más que una “casa pequeña y lúgubre, de polvorientos pisos de madera” con un living, donde ocurría todo. Abría sus puertas todos los días menos los martes. Y cada día sucedía algo. Lo imprevisible. Una misma noche podría tocar una banda de rock, luego una performance, un recitado de poesía y cerrar la programación con un concierto del Príncipe y la Sin Fónica entrada la madrugada. Cada semana se presentaba el dúo Suárez-Troncoso, luego de que se apagaran las luces cerca de la medianoche para hacer un espectáculo teatral improvisado por aquellos jóvenes que luego se convertirían en actores de renombre a nivel internacional.
Las performances de Los Melli o Jarabe Blues, una suerte de teatro de viñetas que destacaba por lo original y por la gran coordinación entre los actores a la hora de presentar sus obras. Pero, además, Juntacadáveres era un espacio donde el escenario ocupaba todo el lugar, la frontera entre actores y público se disolvía, se difuminaba.
ResponderEliminarHay un aspecto que el libro destaca especialmente y está relacionado a lo anterior. Juntacadáveres creó una atmósfera que dio importancia a la sensibilidad del uso de los cuerpos y los placeres, que entendió la sexualidad y el género de una manera diferente, donde uno podía experimentar con libertad y sin ser juzgado.
Respecto a cuáles fueron los disparadores que iniciaron la investigación sobre Juntacadáveres, Diego Pérez Lema me contestó lo siguiente:
El boliche fue un caldo prebiótico para la historia del underground montevideano porque allí emergieron múltiples artistas que a inicios de los noventa no tenían otro lugar para desarrollar sus artes. Juntacadáveres hizo dialogar el rock con el teatro, la performance, la danza, la instalación, la plástica y el dibujo.
Fue un espacio muy importante para la escena del rock posdictadura en un momento donde existía un pronunciado declive de la movida de la segunda ola que había arrancado en 1985 y prácticamente desaparece en 1989 cuando el sello Orfeo cierra; se disuelven Los Traidores, Los Tontos y Los Estómagos y hay un declive también de las publicaciones subtes. Juntacadáveres va a reunir a aquellas bandas que no tienen un lugar para tocar en Montevideo.
ResponderEliminarJuntacadáveres fue muy importante porque reunió a las desobediencias sexuales de aquel momento. Personas gays, lesbianas y trans que no encontraban espacios en otros boliches en Montevideo comenzaron a frecuentar el Junta, porque era un lugar donde no se sentían discriminadas. Allí se mezclaba estas personas con una fauna muy particular compuesta por bohemios, lúmpenes, poetas, músicos, escritores, actores y actrices.
En un país de cuerpos torturados, silenciados, mutilados, encorsetados y llenos de miedos, Juntacadáveres fue un espacio descomprimido, donde los cuerpos se restituían, recuperando su libertad. Todo acto de placer y de goce fue señalado como perverso, perturbador y amenazante. Los boliches y la reapropiación de los espacios urbanos contrastaban con el afuera ordenadamente trágico y represivo. Recordemos que aún existían las razzias policiales contra la juventud desobediente.
Allí se cambiaba el aislamiento, la clandestinidad y la autocensura por la colectivización, la liberación y la creatividad.
ResponderEliminarEsto no fue muy bien visto ni por la izquierda partidaria o aquella reunida en organizaciones sindicales y gremiales que veían el rock como una influencia foránea del imperialismo en las mentes de los jóvenes. Tampoco fue bien vista por la derecha que veía el rock como una expresión de obscenidad y decadencia. Esos espacios de reposición patriarcal contrastaban con estas experiencias de liberación del placer y del goce de los cuerpos.
La(s) memoria(s) de Juntacadáveres encuentran espacios en las territorialidades del hoy porque nos permiten visionar el recorrido histórico no progresivo que han tenido las políticas sexuales y de los cuerpos en este espacio contrapúblico del underground. ¿Cómo llegamos a construirnos actualmente espacios inclusivos, libres de acoso y de la tutela institucional? ¿Qué espacios se han perdido? ¿Qué lugares y discursos se ha tragado el neoliberalismo progresista e inclusivo? Este recorrido nos permite repensar por qué se vienen despolitizando y desexualizando formas de lucha, redes políticas y procesos históricos que se rehúsan a ser asimilados por una óptica facilista y amortiguadora. ¿Cómo pensamos el movimiento social en la década de 1990? ¿Por qué se despolitizan y desexualizan las resistencias y creaciones que tuvieron emergencia? ¿Los años noventa constituyen una etapa de desmovilización social?
Un eco lejano
Varios testimonios destacan a Juntacadáveres como un espacio fundamental para la escena subterránea de la posdictadura por esta razón, por el lugar que le daba a los cuerpos, a la sexualidad y a lo abyecto. En una sociedad que era muy violenta respecto a la homosexualidad, muchos encontraron en la casona del Cordón un ambiente más abierto. Un espacio de fuga a través de las artes, que le debe a las experiencias de las vidas comunitarias generadas entre 1985 y 1990, por ejemplo el proyecto de la comunidad Garibaldi.
En medio de una Montevideo envejecida, pacata y asustadiza ante cualquier novedad, Juntacadáveres reunía artistas, extraviados, gays, travestis femeninas, mujeres, darks, extranjeros, lúmpenes poetas, gente de clase media, voyeristas, punks, postpunks, dealers. En definitiva, una atmósfera paria, en la que todo podía suceder, donde era raro el día que no ocurriera algo fuera de lo habitual.
Recolectar los testimonios de los protagonistas no fue una tarea sencilla. Como conversábamos minutos antes de la presentación con Adriana Filgueiras –colaboradora del libro, quien estuvo en la barra del Junta e integrante del grupo teatral Jarabe Blues–, muchos de quienes participaron activamente de las actividades de Juntacadáveres en ese período ya han fallecido. Por mencionar algunos: Ana Blankleider, El Príncipe, Tüssi Dematteis o Andy Adler.
Le pregunté a Diego Pérez Lema sobre esto. ¿Cómo se reconstruye una historia cuando muchos de sus protagonistas ya no están? Me respondió:
Fue un proceso largo, lento, pero muy divertido. La metodología utilizada incorpora el relato oral, las fuentes escritas en recortes de los suplementos culturales de prensa periódica y el uso de la fotografía. Particularmente el trabajo con la memoria implica también encontrar el testimonio ausente e imposible de aquellos que hablan por boca de terceros. Hay decenas de relatos irrecuperables de una generación atravesada por los excesos que no pueden recordar, desean olvidar o ya no están, se murieron jóvenes.
Es importante acercarnos a las reflexiones que Alessandro Portelli realiza en Historia y memoria: la muerte de Luigi Trastulli para comprender que recordar un hecho supone la elaboración, transformación e interpretación de los procesos históricos vividos donde opera la representación simbólica de un hecho que se transforma en una estrategia inventiva de una realidad.
Esta operación se encuentra atravesada por el deseo de contar, imaginar, decir, justificar, crear y actuar. En la memoria oral operan diversas variables que debemos considerar. Por un lado la transposición y condensación donde los eventos son ordenados de diferentes maneras según la subjetividad del narrador y la traslación cronológica y contextual donde, afectados por el tiempo, los testimonios elaboran estrategias con diferente utilidades políticas donde existe una función subjetiva jerarquizante sobre qué y por qué memoriar: necesidad de mantener abierta una causa, garantizar el recuerdo y protegerlo del olvido, espíritu de ceremonia, homenaje, heroicismo y monumentalización.
ResponderEliminarPor eso el trabajo con la memoria es muy delicado. A lo largo de mis investigaciones en el área, he realizado decenas de entrevistas. Aún continúo haciéndolo. Sin embargo, la memoria under lleva muchas veces la marca particular de la confusión, el olvido, la pérdida de memoria y las secuelas del consumo problemático de sustancias. La ausencia de recuerdos que impregna la experiencia se convierte, en última instancia, en la lógica de todo recuerdo que no se puede archivar.
El legado de Juntacadáveres
ResponderEliminarEn días en los que parece que la propuesta nocturna y la cultura en general está basada en lo previsible, en lo redituable y con el menor riesgo posible, como un eco lejano, Juntacadáveres vuelve, como un eterno retorno de lo reprimido, a revelarnos un pasado. Lo reprimido que se hacía carne cada noche en ese living de la vieja casona de Juan Paullier y Rivera. Un eco incómodo que hoy tiene visibilidad gracias a este libro tan necesario y urgente.
¿Qué legado nos deja Juntacadáveres? Esa fue la última pregunta que quería hacerle a Diego, tras esta investigación tan extensa y sacrificada:
Yo creo que hay varios aspectos que son importantes recuperar y poner en plano público para visibilizar el espacio excepcional que constituyó Juntacadáveres en el contexto cultural de la posdictadura. Por un lado, quise quitar al boliche de ese lugar mítico en el que se lo ha situado para restituirle en una dimensión que se vincule un poco más equilibradamente con lo que realmente sucedió allí. Todos tienen derecho a recuperar su pasado, pero no hay razón para erigir un culto a la memoria por la memoria misma. El Junta se ha convertido, para los amateurs —amar/hacer—, en un residuo oscuro y atractivo donde iluminar aquellas microrresistencias halladas en subtextos de disidencia cultural que derivan, muchas veces, en interpretaciones caricaturescas. ¿Centro cultural? ¿Pub? ¿Apenas un esbozo de su idea original? Este trabajo pretende cuestionar la narrativa ocultista y de culto, para construir una interpretación que aporte lucidez al imaginario que se ha construido sobre este boliche y lo que giraba en su contexto. Sacralizar la memoria es otro modo de hacerla estéril. El cometido de esta investigación es reconstruir historia(s) sobre Juntacadáveres que nos inviten a reflexionar dónde encuentra su memoria, un espacio, en los territorios de hoy.
ResponderEliminarPor otro lado, quise quitar al boliche de su dimensión meramente musical. Se ha recordado a Juntacadáveres solamente por haber sido cuna del casete Criaturas del Pantano con las bandas del círculo de Andy Adler, pero tocaron muchísimas otras bandas.
Era un lugar muy polifónico. En una misma noche podía tocar Cross y luego en la madrugada El Príncipe. Todo eso mezclado con otras artes como la performance poética, la instalación, la danza y el teatro revulsivo.
ResponderEliminarY por último quise rescatar su dimensión sexual, el régimen de placeres y de goce de los cuerpos que allí se ensayaba y que fue el caldo prebiótico de lo que experimentamos hoy. El rock de la primera ola de los ’70 y de la segunda ola de fines de los ’80 fue un espacio de varones, donde las mujeres eran relegadas a coristas o simples musas. Era una escena bastante homofóbica. No había disidencias sexuales arriba del escenario ni debajo. El rock de los ochenta tuvo un mensaje más político, directo, de choque, muy violento, de resistencia frente al legado de la dictadura, pero no logró correrse del mandato heterocentrista que imponía la cultura conservadora. Para muchos varones del rock, Juntacadáveres funcionó como un espacio para explorar nuevas formas de vivir la sexualidad donde las estéticas andróginas y las prácticas bisexuales comenzaron a manifestarse tanto en hombres como en mujeres.
Lo más interesante fue comenzar a dimensionar el régimen de placer y de goce de los cuerpos que se experimentaba en el lugar. Todos los entrevistados destacaron que Juntacadáveres era un lugar amigable para las desobediencias sexuales. Allí las personas con tendencia a comenzaron a ver que otras se animaban. Que te podía gustar el rock, las drogas, el activismo social, la estética dark y además chupar y ser chupada.
Ese soy lo que se da significa vivir en forma del como si no, destruyendo toda propiedad jurídica y social, sin que esta deposición funde una nueva identidad asimiladora. Dejar de reclamarle un lugar en las estructuras de representatividad institucional a aquellas experiencias y vidas que no procuraron encerrarse en ninguna taxonomía identitaria e ignoraron cualquier intención de representatividad constituyó un poder destituyente. Quienes curtían estos lugares no pretendían identificarse solo por su sexualidad o resignarse a morir de angustia, condenadas a la infelicidad. Lo importante es observar cómo el deseo lesbiano encerrado en un cuarto tapizado de pósters o sobrevivientes en la discreción buscó y encontró en estos espacios una forma de socialización diferente. Esas zonas de contacto en las divergencias que rompieron con la línea recta trazada de antemano para los cuerpos desobedientes. Refiere a espacios temporales, efímeros, que van y vienen como esas personas que los frecuentaron, y que no buscaron «gente como yo», sino puntos de contacto donde encontrar desbordes. Y yo creo que esa atmósfera de placer y de contacto fue un diferencial que hizo de Juntacadáveres un lugar único en la escena under de Montevideo de los años noventa.
En Montevideo, Santa María o en el infierno. “or Uraguay [sic] or Hell”, escribió Bukowski en 1965. En cualquier parte habrá una grieta, un espacio, un intersticio, un resquicio donde poder refugiarse, donde entra la luz. A principios de la década de los 90s esa fisura fue Jutacadáveres y el trabajo de Diego Pérez Lema en colaboración con Adriana Filgueiras y Gabriel Peveroni dan testimonio de ello con la ayuda de un gran trabajo de edición de Alter Ediciones.
Juan Aguerre